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Sevilla tiene una pasión especial

Son miles los adoquines por los que transitan los pasos de la Semana Santa Sevillana. Por ellos costaleros, a veces con sandalias casi pegadas al suelo, otras descalzos, recorren paso a paso, adoquín a adoquín ante la atenta mirada de mayores y niños. El incienso inunda las calles de la capital hispalense. Desde la Campana a la Catedral, por la Encarnación y en El Salvador, desde Triana a la Macarena. Los nazarenos, con blancos cirios en mano, van regando con cera esos adoquines. Bajo esas piedras, duerme aletargado un metro, que lleva años proyectado y que en parte ya está ejecutado. Duerme una pasión por el progreso en una ciudad en la que La Pasión la hace especial.

Es esa Pasión la que echa a los sevillanos a las calles para ver la Semana Santa. Con tremenda expectación ven pasar uno a uno los pasos de las distintas cofradías y hermandades hasta altas horas de la madrugada. Según va avanzando la noche, la expectación se atenúa con el silencio, y es cuando en verdad puedes escuchar el sentimiento con el que tocan esas bandas de música que acompañan a los pasos semanasanteros. Es entonces, cuando hasta el más ateo y el menos creyente, siente esa pasión que hace a Sevilla especial.

A Sevilla la hace especial la Giralda. Ese monumento esbelto que desde siempre ha sido el único que ha podido cortar el cielo sevillano. Solo desde San Juan de Aznalfarache, situado en el Aljarafe o al-Saraf, es decir, el lugar donde se dominan las visitas, siempre se ha podido observar esa joya arquitectónica de Sevilla, desde un suelo que está más alto que el cielo que corta la misma Giralda.

sevilla_desde_sanjuan.jpgDesde siempre fue así, pero ya no lo seguirá siendo. La pasión, la tradición y las costumbres, como siempre, llegan a su fin compradas por el poderoso caballero don dinero. Es CajaSol quien proyecta una sombra sobre la Giralda. El primer rascacielos de Sevilla que será más alto que la Giralda y romperá esa ley tradicional de que nada puede cortar el cielo más allá de donde lo corta el imponente monumento giraldiense.

Sevilla, tiene una pasión especial, por el costumbrismo, por bajar al río a bañarse aunque esté prohibido, por marginar al marginado y eregir rey de reyes al acomodado. El progreso contra la costumbre. Es algo que Sevilla respira mientras se rige por los dictados de la pasión.

Las leyes tradicionales, que hacen que sentarse en una silla en La Campana para ver las procesiones de Semana Santa, solo sea posible si heredaste el sitio, o el espabilao que la tiene heredada, te la alquila.

El progreso que no llega, por el metro que se atora y choca contra ilustres ruinas de una ciudad que fue. La mezquita que nadie quiere y que proyectan también en las afueras, en esa Isla no tan mágica, la de La Cartuja, donde se construye el progreso que el costumbrismo sevillano no deja instalar en la ciudad, aunque luego, el dinero, otra vez, plante setas en una plaza del centro. La ReEncarnación de unas Setas que empezaron, como el Metro, pero nadie sabe cuando acabaran. Dijeron que en Otoño de 2007.

Pero queda la gente. Sevillanos y Sevillanas sencillos que hemos podido conocer los miembros del equipo de Sin Futuro y Sin Un Duro de Madrid, aparte de podernos conocernos más entre nosotros mismos conviviendo. Sevillanos implicados con la poesía, enmarañados en su asociación La Maraña y que se reúnen y escenifican con pasión letras de progreso, mientras un artista pinta un cuadro en el que “El mundo sin poesía se le queda pequeño”. Todo ello ajeno a la botellona de La Alameda de Hércules donde se viven otras pasiones jóvenes, y donde los álamos ya no son lo que eran, pues han usado una vez más el hachazo para cortar la vida del árbol de la ciencia. Sevillanos que te enseñan la ciudad desde otro punto de vista, como Jesu, pero que viven y sufren aquel progreso que no sale a la luz, y se lamentan porque el futuro de un proyecto digital como DeGuadaira siga en el aire tras casi un año de andanzas. Sevillanos que te acogen en su casa de forma hospitalaria, como Iván. Que te van a despedir a la estación como FeRnAn. Sevillanas…

Sevillanos que esperan un futuro de progreso sin perder la pasión que se respira en cada aliento y cada palabra que pronuncian con gracia. Sevilla tiene una pasión especial. Ahora solo le falta que el progreso sea una realidad.

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