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Posiciones Extremas que Exterminan Libertades

Todavía no se han caído las hojas de los árboles y ya se quieren colar estas cual papeletas en las urnas electorales. ¿Se han dado cuenta que huele ya a campaña electoral? En estos días se acelera el pulso político hasta llegar al infarto, se suceden las declaraciones de unos y de otros a la velocidad que ni los medios de incomunicación son capaces de recoger a pesar de su despliegue para informar solo de política. No les quedan redactores para mandarlos a las ruedas de prensa y para obtener las declaraciones de lo que dijo hace 10 minutos otro político.
De todo esto, solo me gustaría analizar unos aspectos, que creo son de importancia e interés para el electorado, vote o no vote, sea monarquico-juancarlista o republicano, español o independentista, político o apolítico, de derechas o de izquierdas, católico practicante o insumiso religioso… Últimamente, desde las declaraciones de los políticos, obispos o personajes influyentes en la sociedad, se intenta que la ciudadanía persiga las ideas extremas, que al fin y al cabo, siempre han terminado por exterminar la libertad de expresión, de conciencia y de cualquier derecho fundamental humano, por inducir al pueblo en que su idea es la válida y la del contrario es inadmisible, intolerable y debe ser erradicada.
Tras un verano movido gracias a que los medios han establecido como actualidad ataques sin importancia a instituciones como la Corona, con la portada de El Jueves y las posteriores pequeñas revueltas en Cataluña por la quema de fotos del Jefe del Estado, la ofensiva nacionalista ha vuelto a la carga, recordemos, en época de elecciones, pero como decíamos, con posiciones extremas.
Ibarretxe comenzó esta campaña, tras un inexplicable silencio mediático durante la tregua de ETA, que ha propiciado que casi nos hubieramos olvidado en la actualidad nacional de las descabelladas ideas del dirigente nacionalista. Ahora apuesta “por cojones” en hacer un referendum entre el pueblo vasco para la autodeterminación de su pueblo.

En estos momentos, Zapatero e Ibarretxe departen en La Moncloa mediante posiciones extremas que no llegaran a ningún acuerdo por lo distantes que están las mismas. La España de las Autonomías se concibió a mi entender como un Estado cuasiFederal en el que caben todas las ideologías y en el que cada día son más independientes las Comunidades, pues muy pocas cosas restan para que sean soberanas en asuntos que realmente le importan a los ciudadanos. ¿Es verdaderamente tan necesario una independencia vasca o catalana que elimine todos los símbolos de España que existen en estas comunidades? Pero dicho esto, ¿es necesario que se intente desbaratar España desde la crispación, intentando ensalzar sus símbolos por encima de todo, como hizo Rajoy animando a celebrar la Fiesta Nacional? A Rajoy parece ser que se le olvida que todos somos españoles. Los que agitan la bandera, y los que prefieren dejarla reposar en un estante con el color morado como faldón al rojo y el gualda, algo que se consiguió con la Constitución y los acuerdos de la transición.

Por contra a lo que la ciudadanía desearía, hoy por hoy, ante cada cita electoral, todos los partidos políticos agitan a la población buscando su voto argumentando con el miedo a perder la identidad nacional o que esta sea borrada del mapa. Y es en esta España en la que gracias a la Constitución, y tal como diría el Jefe del Estado, es la España más próspera y estable que nunca hemos tenido a lo largo de la Historia, algunos se empeñan en rememorar el pasado. Un exministro del Interior, Mayor Oreja se niega a condenar el franquismo, mientras otros se dedican al límite de la legislatura a intentar recuperar la memoria histórica de los que sufrieron la dictadura de Franco.

Posiciones encontradas que nunca llegarán a acuerdo. Posiciones que terminan posicionando al ciudadano y que le hacen olvidar que realmente no vive en una democracia, sino en un sistema en el que cada cuatro años, cogerá una hoja con unas siglas y unos nombres y la depositará en una urna para que, ganen o no los implicados en su sufragio, estos se dedicarán a hacer lo que les venga en gana mientras los verdaderos problemas de la sociedad siguen ocultos y olvidados tanto por los políticos como por los medios de comunicación. Sus posiciones extremas, extremadas, silencian los problemas, y por consiguiente, exterminan las libertades, si es que nos queda alguna todavía.

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